Efecto Mona Lisa en Venezuela hoy: gestionar la incertidumbre

Hace alrededor de 500 años (entre 1503 y 1519) a Leonardo Da Vinci le encomendaron en Florencia realizar el retrato de la Señora Lisa Gherardini de Giocondo (por ello Monna, diminutivo de Madonna, y Lisa por su nombre. Es uno de los cuadros más famosos del mundo y no es por su gran tamaño (la tabla de alamo mide 79 cm. por 53 cm.) sino más bien por su belleza, técnica empleada y las historias acontecidas con el mismo.

Una de las experiencias que se tiene al contemplarlo es la sensación de que la Gioconda te sigue con la mirada al moverte enfrente de la obra; otra es que, si fijas la mirada en algún detalle, bien sea de su sonrisa, sus manos, su cuerpo o de los paisajes alrededor, descubres cosas que antes no veías.

Una de las explicaciones técnicas para ello es el desarrollo del Sfumato o difuminado inventado y desarrollado por Da Vinci para la obra y que se obtiene por aplicando varias capas de pintura extremadamente delicadas, que van proporcionando a la composición unos contornos imprecisos, así como un aspecto de antigüedad y lejanía. Se logra la profundidad, desconocida para la época anterior al renacimiento.

En un artículo reciente la prestigiosa publicación The Economist ha referido el pasado 17 de abril de 2023, lo que se denomina Efecto Mona Lisa en economía.

Un extracto a manera de conclusión dice así, “Los inversionistas y los analistas de estadísticas comprenderán mejor la economía mundial durante los períodos de volatilidad e inflación. A medida que se desvanezcan los efectos de la pandemia, también lo harán las distorsiones de los ajustes estacionales. Los economistas ya han avanzado en la incorporación de datos alternativos en los pronósticos, lo que ayuda a superar el problema de la disminución de las respuestas. Pero esto es poco consuelo para los gobiernos y las empresas que necesitan tomar decisiones en este momento, o para las personas que solo intentan mantenerse al día con las noticias. No se sorprenda si la economía global sigue siendo sfumata por un tiempo todavía”.

Esta misma sensación la aplicó el economista peruano Augusto Álvarez Rodrich el pasado 5 de mayo en el portal La República de Perú donde disertó sobre la situación política de su país aplicando la lógica de «cada vez que se los observa, se ve algo muy diferente».

Cuando procuramos establecer una analogía con el manejo de las organizaciones y negocios, lo asociamos con la gestión de la incertidumbre, práctica profesional en la línea entre la Gerencia y la Psicología.

Desde la perspectiva psicológica, esta ciencia nos ofrece de Mar Ruiz de Steps for Talent quien nota que “la incertidumbre es falta de certeza, es decir, de seguridad. Esa falta de seguridad es igual a falta de control y que la falta de control es la causa del estrés”. Luego nos ofrece algunas estrategias y/o claves importantes que podemos poner en práctica para gestionar la incertidumbre:

  • Asumir que la incertidumbre y esos cambios constantes o la complejidad del ambiente y su impredecibilidad son reales. Existen y hemos de convivir con ello.
  • No todo va a ser positivo. El optimismo está muy bien y, de hecho, nos ayuda a vivir mejor, pero en exceso, también puede resultar desadaptativo. Hay que contar con que pueden ocurrir cosas malas y tener “planes B” alternativos preparados en función de diferentes escenarios.
  • Desarrollar y potenciar mucho la capacidad de análisis. Hemos de proyectar diferentes posibles escenarios y tener preparadas diferentes respuestas, adaptadas a cada uno de ellos. Esto permite aumentar la percepción de control y, aunque nunca sea del 100%, siempre tranquilizará saber que disponemos de diferentes planes posibles.
  • Canalizar bien las emociones. La incertidumbre puede generar emociones negativas, tales como miedo, tristeza, ira… Es importante saber enfocarlas y, especialmente, controlar que no nos lleven a conductas desadaptativas: discusiones con otros, dejar de intentar hacer cosas por miedo al fracaso, no dar pasos nuevos porque no sabemos si estos van a ser útiles, creer que si no tenemos control sobre algo es mejor no intentarlo…
  • Hacer atribuciones en equilibrio. Esto nos lleva a la Teoría de las Atribuciones de Heider, quién estableció que los humanos hacemos atribuciones internas y/o externas. Aquí el riesgo está en aquellas personas que tienden a atribuir los éxitos a circunstancias ambientales ajenas a ellos y los fracasos a causas internas. Para gestionar la Incertidumbre es importante tratar de mantener un locus de control equilibrado: no todo depende de nosotros y tampoco todo escapa a nuestro control.
  • Controlar los aspectos cognitivos, donde no podemos evitar que algunas cosas sucedan, pero sí podemos gestionar cómo nos afectan, o qué hacer con eso en nuestra consciencia. Hay que saber relativizar y valorar en su justa medida los aspectos negativos, así como saber detectar los positivos que cualquier situación puede conllevar. Los cambios siempre nos transforman; aunque sólo sea eso, ya es algo positivo.
  • Vivir en el momento actual y aunque tratemos de planificar diferentes opciones, saber disfrutar del camino para llegar. Dejar de pensar en el fin, en los resultados finales y comenzar a recoger aspectos positivos de la siembra, de nuestra actuación previa. Eso nos permitirá crecer como individuos y como equipos, aunque el resultado final no sea el esperado.
  • No “preocuparnos” tanto y, en cambio, “ocuparnos” más. La mayoría de los problemas que se prevén o nos preocupan, no llegan a existir nunca. Es importante no darlos por reales antes de tiempo, esperar a que aparezcan y, si es así, ocuparnos de ellos. Adaptarnos y gestionarlos.
  • También es importante reflexionar sobre nuestras fortalezas y los recursos con los que contamos. Gestionar nuestra autoestima y valorar también los puntos fuertes que nos rodean (y en los que nos podremos apoyar), bien sea en la vida personal, como en la profesional.
  • Tener sentido del humores importante para saber vivir en el caos y gestionar la incertidumbre. Reírse (y sobre todo reírse con otros), genera cambios hormonales positivos que nos ayudan a relativizar y a sentirnos seguros para seguir avanzando.


Por otra parte, en un tiempo más reciente, Jesús Soto renombrado artista del cinetismo contemporáneo, tuvo un aporte especial dentro de la conquista del espacio total con “los penetrables que son obras de un ensamblaje en un espacio real que requiere que el espectador entre en ella para poder percibirla a medida que la recorre”.

En el caso venezolano tenemos de todos los ingredientes planteados por el arte y la economía. Hemos pasado por la máxima distorsión económica que es la hiperinflación, hemos perdido alrededor de tres cuartas partes de la riqueza nacional (PIB), hemos sufrido la migración de la cuarta parte de la población, estamos dirigidos por políticos que construyen las decisiones públicas en función de su ideología o intereses particulares, en muchos casos, lo cual dificulta el entendimiento del rumbo hacia el cual se mueve la sociedad como colectivo.

Todos estos condicionantes son como capas de pintura que generan un sfumato en permanente cambio. Es como si en el caso venezolano dijéramos que es el Efecto Mona Lisa dentro de un penetrable de Soto: las percepciones se incrementan dramáticamente.

Por ello cuando vemos las estimaciones del entorno, un día puedes pensar que ya llegó la estabilidad cambiaria y va a cesar la inflación y se retoma el crecimiento sostenido; a los días hay un pequeño ajuste, y ya piensas que ese camino se desvirtuó y que volvemos a situaciones pasadas de alta volatilidad.

En ese ir y venir, estuvo Da Vinci, haciendo su obra en 16 años. Agregaba y quitaba, o escondía, elementos que cuando viésemos la obra aparecerían o los encontraríamos. Lo mismo motivó a Soto cuando nos ofrece la experiencia de entrar en su obra y percibirla de acuerdo a nuestras propias capacidades de percepción sensorial: de vista, oído, tacto.

La realidad del entorno venezolano es hoy más que nunca diferente para cada sector, diferente en realidades y perspectivas. Lo general es lo obvio: la crisis debilitó costumbres consumistas de la persona promedio, mermó la esperanza como algo que era compartido como un ideal posible para cualquier connacional, ha reafirmado el principio que yo soy el que resuelvo mis problemas y el asistencialismo no lo hará por mí, si no me adapto rápido a los cambios constantes pierdo el control de mi vida y me desconcierto ante la incertidumbre.

Estamos mejor preparados en Venezuela para buscar la forma de resolver los problemas cambiantes del entorno y asimismo propiciar un mejor desarrollo individual y colectivo de la sociedad, inundada hoy y por un buen trecho de la incertidumbre que causan las decisiones pasadas, actuales y futuras de las políticas nacionales e internacionales.

Francisco Sanabria Rotondaro
Analista financiero y profesor universitario